No nos conformamos con ver el machupichu, queriamos verlo todo.
Los incas, grandes estrategas de la guerra, solian construir sus ciudades y templos entre montañas, primero, para poder obtener la aceptacion y el cuidado de uno de sus dioses, los apus (las montañas), y segundo para poder subir al cerro más alto y, desde alli, controlar cualquier movimiento extraño e invasor.
Queriamos saber como se sentia siendo el guardian del templo sagrado, y subimos al waynapichu, 1000 metros en hora y media para, ironicamente, acabar siendo dos mocos más del inmenso guardian que perdura tras los siglos.
En el camino conocimos gente con la que reimos y experimentamos a través de una complicidad especial que solo te da la energia de ese lugar.
Unos sufrimos de un vértigo desconocido pero apasionantemente superado, otras, de un pavor a los mosquitos, que creian poder con cualquier orificio que alcanzaban, y un afán de superacion que pense no tenía.
Subimos juntos, bajamos juntos, ayudándonos en los peores momentos, y conseguimos llegar a los lugares más reconditos de esta increible montaña apoyandonos solo el uno en el otro...
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