miércoles, 20 de julio de 2011

Kolkata






Llegar a una ciudad donde te sientas como una hormiga a punto de ser aplastada. Donde incluso entre gente sonriente sientas el dolor de la manera más burda que jamás imaginaste.
Ni uno sólo de los niños que vimos tenían mirada de niño. Ni una de esas bolsas que esnifar acompañada de algo que llevarse a la boca para sustituir el dolor.
Ratas que dormían sobre las cabezas de miles de personas que viven en las calles más turísticas de Calcuta. Sin lugar a duda, casi de manera lujosa, comaparada con aquellos que esperan semanalmente el camión del agua potable en su barrio de basura.
Calcuta es una ciudad que te roba el alma. Una de esas que sabes que algún día te encontrarás de cara, y para la que nunca se está preparado.
Más de 14 millones de personas (contabilizadas) sobreviven en una locura de ciudad llena de escarabajos amarillos, ratas y contrastes.
Podemos contar muchas cosas de esos días que pasamos los tres intentado no perder el norte. Podemos recordar las visitas turísticas de la ciudad, bonitas, porqué negarlo. Podemos hablar del curioso hostal donde nos alojamos, donde teníamos miedo de dejar la puerta del baño abierta por si nos despertábamos con una rata en la nuca.
Podemos recordar la buena (buenísima) comida con la que nos topamos, las compras en las tiendas de aquel hombre que nos esperó sin descanso a la puerta de la cafetería.
Aunque quisiéramos, no podemos olvidar nuestros intentos de salir de fiesta y acabar en algo parecido a un bar de estreptease a lo indio, o con un tío gritando HOOOO-TEEEEL trás nosotros sin descanso.
O la noche que por suerte, y como por arte de magia acabamos en el barrio musulman, lugar donde casí podíamos olvidarnos del resto del mundo y soñar entre las luces y la música de aquellas gentes amigables y especiales.
Pero si podemos recordar y no queremos olvidar, son aquellos tres chavales vendiendo globos. Ese chaval increíblemente dulce que cuida de otros dos en la calle. Ese chico que pensaba en su madre y su hermana pequeña, que cuidaba de no dejarse llevar del todo y que estaba por encima de tantas cosas que casi podías verlo "flotar".
Ni podemos, ni queremos olvidarnos de él, y de tantas otras cosas que Calcuta nos clavó en la retina, no existe tiempo ni alma que asimile un mundo enterrado en miseria, locura y esencia. Respirar su aire creado por Shiva y manchado por el humano, te enegrece el corazon, paseando impasible ante tanta atrocidad humana, culpabilidad de la avaricia, miedos, egocentrismo y desnaturalización de una humanidad que destroza al ser humano.
En este circo de tinieblas nos movimos, andamos, nos mezclamos y también aprendimos que, en la oscuridad la luz brilla más.

jueves, 14 de julio de 2011

GOA














Por fin conocimos la famosa Goa.
Lamentablemente, y aunque nos lo pasamos realmente bien, nos decepcionó Goa.
Los mismos puestos hippies de siempre (ya sabíamos de dónde venia todo, pero...) y la playa excesivamente sucia... realmente excesivo.
Aún así, encontramos un rincón donde poder sentir la magia del lugar, donde disfrutar de las maravillosas vistas, increíbles cabañas, deliciosa comida y sol!!!!!
Un bar en la playa (el único que hemos ido en India), música y una sala que en vez de aire de acondicionado era una cámara frigorífica!
Ori!!!: "Anjuna, anjuna, anjuna, anjuna, anjuna!!!!!!!!!!!" (música de fondo)

miércoles, 13 de julio de 2011

LOS NADIES




Con los nadies...nuestra gente...con nuestras mismas almas; gracias por todo lo que nos habéis dado y por hacernos sentir parte de este mundo que no es mundo, y esta vida que no es vida. Pero si que las sonrisas son risas y la humanidad es humana. Tu hombro es gemelo del mio y nos apoyaremos para andar juntos.



lunes, 11 de julio de 2011

II parada, Gokarna






Concretamente, in the Om beach!!!
Una playa alucinante con la mismita forma del Om... o la forma de un tres, según lo místico/a que te sientas...
Por fin vacaciones como "dios manda". Playita!!! Tanto, tanto que alguno acabó con insolación y las manos arrugadas de por vida.
Un sitio donde el buen rollo se respira profundamente. Tranquilo, precioso, con los mejores atardeceres que hemos visto y mucho menos turístico que la pobre y explotada Goa.
Una de las paradas que más nos ha gustado, sin duda, de todo el viaje... bello...

domingo, 10 de julio de 2011

Hampi
















Nuestra primera parada del viaje, el deseado paraíso de Hampi, y no decepcionó. Hampi, también conocida como Ciudad de la Victoria, fue la capital del Imperio Vijayanagara de 1336 a 1565. Esta civilización dejó centenares de templos, establos de elefantes, esculturas, pinturas, palacios, etc... en medio de un paisaje verde y rocoso, salpicado por enormes cultivos de arroz, con un rió colorido que divide la ciudad. Las rocas se alinean unas encima de otras, como por arte de magia, desafiando la gravedad y el entendimiento; un lago para nadar y refrescarse y una tranquilidad y misticismo que hacen, que pisar este suelo sea como retroceder 1000 años y desvanecerte ante tanta belleza.
Le dábamos la bienvenida a Ori, siendo este el primer paso de todo lo que vendría después, y le decíamos adiós a un sueño...
Después de andar bastante y cruzar el río llegamos a nuestro hogar improvisado, un sitio llamado Shanti, tranquilo, con casas preciosas, con un porche y un columpio en el cual tumbarte y observar las millones de estrellas, balanceándote en una danza armónica con el medio.
Allí estabamos, esperando a unos amigos para decir nuestro ultimo adiós a un trabajo que se nos ha clavado como una rosa, precioso pero que duele cuanto mas aprietas e indagas.
Al fin reunidos lo nuevos aventureros y los viejos amigos, paseos en moto, comidas maravillosas, risas y compras ( porqué no decirlo), ya estábamos preparados para disfrutar de lo nuevo y guardar el pasado en el cajón de la reflexión.
Solo agradecer a Javi , a Irene y Mercedes que vinieran ( y "se quedaran") con nosotros.
Un paraíso terrenal.

viernes, 8 de julio de 2011

dos de las muchas caras de un país




La India que te acoge, y la India que te exprime. Así hemos vivido nosotros las dos caras de esta experiencia. Vivir en la India, abrazando su cultura y siendo uno más (salvando las distancias), o viajar por la India siendo un turista más sin rostro ni esencia.
El trato como turistas no
nos ha gustado. Los
indios luchan por hacerse un hueco en su violento mercado y los turistas acabamos
entrando, inevitablemente, al trapo en algún u otro momento.
Aunque hayamos intentado huir de estereotipos, luga
res concurridos (salvando las inolvidables) y bocas de lobos, algún bocadito nos hemos llevado... e incluso alguno habremos dado.
Nos quedamos con este país, pero nos quedamos con las entrañas del mismo y denunciamos a voz en grito las injusticias sociales y estructurales de esta nación.
Un gobierno que tiene a sus ciudadanos sin un atisbo de salubridad, que los mete en el tren como si fueran reses, obligándolos a empujarse o a tratarse como eso mismo..., a maltratarse.
No se invierte en que haya agua potable, ni en un hospital al alcance y para las necesidades de todos, en un cableado eléctrico digno o en un cuidado de sus supuestos animales sagrados, la mayoría intoxicados por los plásticos que tienen que comer de las basuras de las que se alimentan.
La India es un país de gente endurecida a la fuerza, capaz de aguantarlo todo, pero que ya se han luchado de sobra su mínimo bienestar. Bienestar para todos y todas, para cada uno y cada una de un pueblo sin posibilidad al cambio porque no se les da lo que se ganan, aprovechando una cultura de escandalosa sumisión.
Comenzamos nuestro viaje recogiendo a nuestro compañero de aventura, Ori, en Bangalore, pasando unos días en la fundación y haciendo la primera parada en un paraíso hecho terrenal, Hampi...