miércoles, 28 de septiembre de 2011

NUEVA ZELANDA






Nos poníamos a leer sobre este país, y lo únco que veíamos eran cosas sobre kiwis... kiwis por aqui, que si las familias kiwis, que si los parques kiwis, que si la fruta kiwi...
y efectivamente, bienvenidos/as al país de los kiwis!!!
Unos pájaros rarísimos con más pico que cuerpo que se supone que están por todas partes pero que no hemos conseguido ver en tres meses!
Los kiwis de siempre y una especial y (para mí) exquisita variedad de fruta kiwi, golden kiwi= kiwis dulces y amarillitos!!!
Y por supuesto, los neozelandeses, que resulta que se llaman a ellos mismos, kiwis!
Toma ya!!!
El choque fue más duro de lo que pensábamos.
Con una historieta para conseguir entrar en el país que nos mantuvo "retenidos" un día en Bangkok, y con un cambio absolutamente radical de uno de los países más poblados, a uno de los menos, aterrizamos en Auckland.
Los primeros días fueron extraños. Todo en Nueva Zelanda en silencioso, limpio, poco poblado y algo caro...
No sabíamos como hacer e incluso nos sentíamos raros en este tipo de sociedad.
Comenzamos nuestra experiencia de granjeros ilusionados y medio locos, y la casa donde fuimos a parar era precisamente un lugar donde fliparlo aún más!
Una pareja de ancianos con un leve síndrome de diógenes, una cama de agua y una compi japo.
Eso sí, la belleza de este paraje natural habla por sí solo en cuanto abres los ojos

ETAPA FINAL





Final del viaje.
Acabamos en la gran capital, despidiendo a nuestro inmejorable compañero entre canciones brasileñas con militares a los lados, y recordando la dureza y el desconcierto de este país.
Fueron días raros donde nuestras emociones no sabían ni donde colocarse.
Irse de la India significaría irse de nosotros mismos ahora que estábamos encontrando algo y aunque nos esperaba un nuevo destino, quizás no estábamos preparados de nuevo para occidente (aunque fuese Oceanía...)
Unos últimos días de relax en el precioso y fresquito lago de Nainintal conociendo los azotes del Monzón, y una despedida dolorosa de esta experiencia que tanto nos ha dado.

Punjab, tierra de sijs






Tierra de gente honesta, luchadora y trabajadora. Gente con ideas diferentes y que viven y sobreviven entre dos mundos fronterizos que no se llegan a entender.
Sin duda, ir a ver el golden temple fue una de las mejores decisiones de este viaje. Fue duro, muchas horas de trayecto, y muchas nuevas locuras que entender, pero valió la pena conocer un templo realmente vivo y abierto a cualquiera.
Por no hablar del día que pasamos en la madriguera de Alicia, descubriendo los sueños de un pobre hombre que entendió que las "cosas" no terminan, si no que se reutilizan para crear cosas nuevas.
Punjab, tierra de buena gente.



Los indispensables Agra y Veranassi






No podían faltar no?
A nivel personal, quizás porque el viaje llegaba ya a su fin y estábamos cansados, quizás porque lo demasiado turístico pierde esencia, no nos impactó demasiado.
Pero sin duda, hay cosas como el Taj Mahal, el Ganges, el fuerte de Agra o el crematorio hindú que te hacen conocerte un poco más a ti mismo.
La belleza de ciertos sitios como estos nos dejaron boquiabiertos y, aunque las gentes de sus alrededores se perdían demasiado en engaños y en vivir en de un turismo agresivo, supimos encontrar sus caras cansadas de un juego al que jugamos todos.