








Encerrados en la monotonía (porque a las cosas hay que llamarlas por su nombre) y cargados de lo que no queríamos pero que parece tocar asumir, encontramos un respiro, leve pero gratificante y lleno de espacios para encontrarnos (con lo demás, con nosotros, entre nosotros...).
Dos ciudades que nos encandilaron, la bella Edimburgo y la Berlín especial de un mes de Agosto.
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