Anantapur: La ciudad del infinito, no se muy bien a que se debe su nombre, pero lo tiene bien merecido. Nos encontramos en un lugar donde el tiempo se congela, nada parece lo que es y todo cambia en un segundo. La sensación de vacio y de plenitud se mezclan en esta ciudad. Caminarla se convierte en la mas dura de las tareas debido al trafico intenso, a que no hay aceras y a la organizacion caótica pero al alejarte unos metros, parece estar vacia, sin vida, un lugar remoto en mitad de la nada. Y en la nada nos encontramos, un lugar rodeado por tierra árida, donde la cosecha es casi un milagro, el agua tiene un valor incalculable y las gentes vagan en un andar cansino hacia ningun lado, sin ninguna intención. Aqui hay pobreza, y mucha, quizás disfrazada con los lindos colores de las gentes, su gesto amable y su risa fácil.
Un lugar para odiar y para amar; el sol se ceba en estas tierras intentando dar la mayor luz jamás contada y sacar de este pozo de miseria a tantas gentes.
Nuestros pasos entre la multitud son seguidos por todos con la mirada, se acercan, te tocan, te huelen, quieren inmortalizarse contigo y haciéndote sentir como un dios recién descendido, te llenan el alma en un suspiro, y toda esa luz cegadora se convierte en la energía para dar el siguiente paso.
Los niños son seres supremos, encerrados en un cuerpecito, trabajan como o más que los mayores, se mueven, observan y, como si una maldición les hubiera negado la opción de poder jugar, se conforman y luchan porque son supervivientes.
No se puede decir que sea fea, tampoco es bonita, es como su propio nombre indica, la ciudad del infinito, donde los puntos cardinales se vuelven a tocar para caer en el olvido...
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